ABOGADOS GARCAS

Hablemos de los abogados…

Abogados garcas, sin lugar a dudas es uno de los calificativos que más  frecuentemente escucho  cuando se refieren a quienes,  como yo,  estudiaron leyes.

No voy a negar que aplica como en poco casos el viejo refrán, “hazte la fama y échate a dormir” .

Pero así como no toda la juventud está perdida, no todos los abogados estamos esperando que te cruces en nuestras vidas para poder aprovecharnos de vos.

Desde hace un tiempo que cuando  hablo con algunas personas sobre  mi trabajo recibo  respuestas del estilo:

“Pero no  tenés pinta de garca!!”

La situación empeoró cuando decidimos digitalizar nuestra profesión.

Buscando cuales son los principales problemas que  enfrentan los emprendedores, freelancers o nómadas digitales me sumé a una amplia cantidad de grupos.

En todos se comparten experiencias, problemas y soluciones diarias y  con cada intervención que tenía  se corría de foco el tema de debate para que empezáramos a discutir si los abogados son garcas, caros  o innecesarios.

Por todo esto decidí escribir al respecto sobre el tema.

Empiezo mi descargo… “pero no  tenés pinta de garca!!”

Esa suele ser la respuesta que más recibo cuando estoy en un bar, un colectivo, una cena, en clases de yoga, en un avión o en el consultorio  esperando que me atienda el dentista  y entablo  una conversación con alguien.

A la típica pregunta “¿a qué te dedicas?”  y mi respuesta es “soy abogada” la conversación en el 80% de los casos deriva en frases como la que le da nombre a este grupo de respuesta.

Debo confesar que últimamente trato de evadir esta pregunta y decir: “analizo los elementos empíricos de una situación que se da entre partes desiguales y una de ellas incumple con sus obligaciones”  pero suele ser el final de la conversación.

Andar por la vida agradeciendo que no tengo cara de garca o justificando que mis capacidades  legales no se ven perjudicadas porque no uso maquillaje o no hablo como si me dirigiera a un tribunal oral las 24 hs del día, suele ser agotador… aunque también divertido.

Si bien creo que los más reconocidos referentes de mi profesión han hecho merito para fundamentar el prejucio, creo que no todos somos así.

No todos los abogados estamos esperando que te cruces en nuestro camino para sacarte todo lo que tenés a cambio de la redacción de una carta documento.

Muchos abogados, entre los que me incluyo, entendemos que el crecimiento  de nuestros clientes es lo que nos garantiza un ejercicio estable de la profesión.

La mayoría entendemos que un cliente conforme o contento es la mejor y más importante publicidad que podemos tener, ya que no solo vuelve, si no que te recomienda.

Durante mucho tiempo la profesión de los abogados era exclusiva  para los miembros de la alta sociedad. A ellos, poco le importaba la apreciación que podían tener los clientes de su persona  y sobretodo, sabían que todos sus colegas actuarían de la misma forma.

Hoy cambió, no  digo que no sigan existiendo “ese grupo de abogados” pero hay otro grupo, con el que me identifico,  el grupo de profesionales que entiende que  tirarle  por la cabeza un compendio de normas no le sirve a nadie.

Profesionales que creen que puede ejercerse la profesión sin que el otro sea tu enemigo o una fuente inagotable de recursos exorbitante, que entendemos que  no existen verdades absolutas  y que las realidades de nuestros clientes es más importante que  lo que la letra muerta de la ley establece para su caso.

Por todo eso…no soy garca, soy una laburante más, como vos, que el único capital que tengo es mi capacidad de trabajo la que perfeccioné después de muchos años de universidad posgrado y cursos.

La realidad cambia y la aplicación del derecho cambia con la realidad, por eso ¿no será hora de empezar a cambiar y eliminar algunos estigmas?

 

 

 

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